2019© All Rights Reserved

Concurso internacional para la ampliación del Museo Provincial de Pontevedra. 2001
​Organizador: Diputación de Pontevedra

 

Autor: M. Noguera, A. Altarriba, G. Guimaraens



Introducción
Descubre el paseante en el corazón de la ciudad esa presencia eterna de la piedra, el granito convertido en vestidura de las calles que lo envuelven con efluvios de un mundo arcaico y lo acompañan en su recorrido hasta las proximidades del Lérez. Desde las ruinas de Santo Domingo en el corazón de la ciudad hasta los arcos de San Bartolomé, nuestros pasos nos conducen entre piedra, piedra, piedra y, sobre nuestras cabezas, el cielo.

 

Nada parece cambiar en aquella calle, no obstante se presiente una nueva presencia. Al doblar la calle Arcos de San Bartolomé la secuencia de arcadas nos ofrece un muro de piedra sin fin y nos regocijamos conscientes de que nada ha cambiado y de que al menos, en este recorrido que nos lleva desde el corazón de la ciudad al límite de su historia, a las proximidades donde un día se irguió la imponente muralla medieval, aún se conserva el ambiente imperturbable de paredes de piedra envejecidas por el tiempo.

Pero sí, algo sucede, pues el muro nos ofrece dos aberturas y somos conscientes de que en caso de franquearlas algo va a alterarse. No nos equivocábamos pues tras la piedra descubrimos la vegetación y, más allá, el vidrio y la luz ofreciéndonos el maquillaje de nuestro tiempo.

Sin percatarnos el edificio ha surgido ante nosotros, sobre nosotros, y obligados a un paseo entre piedra y vidrio, entre árboles y luz, accedemos a un gran espacio abierto horadado en el que la soledad de las antiguas calles, nos conduce el bullicio del espacio público.

 

Todo hubiera sido diferente de transitar por la ribera del Lérez. Desde la otra parte del río el jolgorio de los días de mercado a los pies de los edificios de metal y formas sinuosas nos conduce a los momentos de sosiego y reflexión de la cautivadora Isla de las Esculturas. El tránsito rodado fluye en el margen izquierdo del río ante esa fachada continua de la ciudad. Nos encontramos en un límite diferente, el espacio de la nueva Pontevedra… Y a través de los tirantes del puente sorteamos las aguas del río para buscar la Avenida de Buenos Aires buscando una arteria que nos conduzca al corazón de la ciudad, y allí, a escasa distancia del punto de intersección de la Avenida y la Calle Padre Amoedo Carballo, descubrimos la arista del nuevo edificio, un edificio que se eleva ofreciendo su otra máscara, la cara que contempla al río y a las nuevas edificaciones con tanta arrogancia que nos sorprende que se trate del mismo edificio.

 

La gran pieza de tonos blanquecinos apoyados sobre un gran muro de piedra y con ocres lajas de coronación reflejo de su entorno, parece querer acariciar con suavidad el edificio al que se adosa y lo toca con la imperceptible línea del vidrio, de tal modo que la amplia separación transparente nos permite contemplar la totalidad de la fachada de la vieja construcción, mientras el nuevo, respetuoso, se quiebra para configurar un amplio espacio verde que acoge al visitante y lo introduce en su seno, aquel mismo seno al que accedíamos desde el centro histórico. Del mismo modo que antes, es el muro pétreo el que nos conduce a él, pero ahora en forma de grandes aberturas identificativas en las que se puede leer un término revelador: MUSEO.

 

Y el recorrido exterior que, súbitamente, nos ha emplazado en un gran espacio en torno al que se aglutina la vida pública del edificio, tienda, cafetería-restaurante, paneles de información, consignas, venta de entradas… nos permite optar por diferentes alternativas. Una abertura nos conduce al espacio de la sala temporal, otra al de la sala permanente, otra controla el acceso de investigadores y un gran mostrador permite la atención a grupos numerosos.

 

Somos conscientes de que nuestro grato paseo no finaliza ahí, pues, una vez accedamos al museo, nos sumergiremos en un avance continuo en torno a un vacío de luz en el que las salas ascienden progresivamente recorriendo el edificio en sus entrañas sin necesidad de desandar caminos, y pudiendo, si así se desea, prolongar nuestra visita hacia el interior del edificio Sarmiento e incluso, pudiendo fusionar los espacios de la sala permanente y temporal para convertirlos en un único espacio expositor, y la clave, la esencia de este gran edificio es EL RECORRIDO, ese recorrido ascendente en forma de gran rampa expositora, susceptible de compartimentación para todo tipo de exposición, grandes superficies planas para objetos bidimensionales y grandes y pequeñas vitrinas para obras tridimensionales al tiempo que los vacíos permiten la exposición de piezas de grandes dimensiones, una cautivadora panorámica enriquecida por la riqueza de un espacio que fluye verticalmente y se desparrama horizontalmente bañado por cascadas de luz que caen de las alturas.

 

EL MURO DE PIEDRA
Se convierte en zócalo del edificio adaptándose al solar. En la calle arcos de San Bartolomé configura dos recorridos, el recorrido Histórico, entre muros de piedra, y el recorrido actual entre el muro y la fachada del museo, que es, a su vez, un recorrido ajardinado.



LAS DOS CARAS DE UN MUSEO
Diferente visión ofrece el museo en función de cómo nos acerquemos a él. Si lo hacemos desde el centro histórico, el recorrido conserva el sabor de sus calles y muros empedrados sin que la nueva inserción origine un colapso visual. Si nos aproximamos desde el río, acostumbrados a las edificaciones más modernas y a la escala correspondiente del tráfico rodado, el Museo adquiere otra proporción más representativa.



EL ACCESO AL MUSEO
En la calle Padre Amoedo Carballo, el muro de piedra se perfora con la palabra MUSEO actuando como filtro de Acceso al hall abierto.

El primer volumen de menor altura trata de aproximar el edificio a la escala humana.



EL HALL PÚBLICO
Se trata de un gran espacio público abierto a la calle cuando el Museo se encuentra en funcionamiento. En torno al hall se agrupan los mostradores de atención, individual y de grupos, las consignas, la cafetería-restaurante, con acceso público desde la calle Padre Amoedo, y la tienda, también abierta al exterior.



LA FLUIDEZ DEL ESPACIO, LA LUZ Y EL AIRE
El edificio trata de no volverse opresivo para el visitante y por ello se perfora rematándose con una entrada de luz, pero no se trata de una perforación rígida que convierta al espacio de caída en vacío vertiginoso, sino que la sección de éste oscila favoreciendo la cascada de espacios.



LOS NÚCLEOS DISTRIBUIDORES
Tres núcleos de vidrio de seguridad se diseñan para organizar las múltiples posibilidades de circulación. Sus puertas priorizan los recorridos deseados, dos de las cuales funcionan como núcleos públicos de acceso controlado para funcionamiento de los espacios expositivos, uno correspondiente a la sala Temporal y otro a la Permanente, mientras que el tercero recoge los usos semipúblicos puntuales que conectan la planta baja con el sótano y la entreplanta, distribuyendo hacia las zonas de conferencias, salas de difusión o investigadores.

 

LAS PIEZAS RIGIDAS
Las piezas rígidas tratan de aglutinar todos los usos ineludibles de servicio, liberando el resto del espacio del museo. Estas dos bandas, se disponen estratégicamente para satisfacer las necesidades de seguridad, así como la distribución espacial del edificio.La pieza rígida norte sirve a la banda Norte, destinada a uso privado, almacenaje, recepción de bienes, conservación… Entre ambas bandas se disponen en planta baja, entreplanta y sótano, los usos públicos como recepción, atención a visitantes, sala de actos, accesos al garaje, hall de grupos, acceso de investigadores… finalmente entre la banda rígida sur y el edificio Sarmiento se ubica el espacio expositivo.



EL ESPACIO EXPOSITIVO
Se descompone en un espacio de exposición temporal, y otro de exposición permanente. Este se resuelve con en espacio expositivo continuo que va ascendiendo conectando las diferentes plantas del edificio así como las plantas del edificio Sarmiento. Este espacio continuo configura diferentes zonas desde amplias superficies susceptibles de segmentación para disposición de paramentos ligeros de exposición hasta todo un perímetro expositor continuo para objetos de tamaño diverso.

La ventaja de esta distribución ascendente es la perfecta conexión entre los forjados del nuevo edificio y el Sarmiento así como la materialización del paseo visitante ideal, sin repetición ni intersección de recorridos y que finaliza en elemento de comunicación vertical pudiéndose plantear la visita según desee la organización del Museo, bien en sentido descendente o bien ascendente.

La adaptación de este sinuoso espacio a los límites fijados por el solar permiten el maclaje de vacíos, líneas de iluminación natural y visuales convirtiendo el recorrido en una atractiva visita espacial pero al mismo tiempo, rigurosamente racional.



LA CONEXIÓN ENTRE EDIFICIOS
El nuevo edificio tan sólo se prolonga a través del viejo con las conexiones puntuales en los niveles respectivos que permite la rampa expositora. Por lo demás, tan solo una ligera pieza de vidrio que discurre por todo el perímetro de contacto sella la unión de ambos. De este modo, la fachada posterior del edificio Sarmiento se encuentra siempre presente, desde el exterior a través de la transparencia, desde el interior gracias al gran hueco vertical en torno al que se desarrolla la rampa expositora.

 

LOS LUCERNARIOS
Grandes lucernarios iluminan cenitalmente las salas de exposición prolongándose en fachada para conformar rasgaduras laterales de iluminación indirecta

 

LAS INSTALACIONES
Los núcleos rígidos se elevan sobre la cubierta para segmentarse con bandejas antivibratorias de instalaciones, de tal modo que no sólo sirven de apoyo y cubrición de las mismas, sino que permiten la distribución vertical de los conductos de acondicionamiento por las diferentes salas a través de sus patinillos.



LAS ZONAS DE TRABAJO
Extendiéndose sobre el muro de piedra, la zona de trabajo se ilumina y ventila por medió de pequeños lucernarios que ayudan a distribuir y segmentar el espacio de trabajo. Este espacio que vuelca a un corredor de servicio se conecta directamente con el núcleo de comunicación vertical privado con su montacargas, sus servicios y vestuarios, contando con conexión directa a los almacenes de bienes así como pudiendo acceder a las diferentes salas en cada planta a través del corredor de servicio, siempre por medio de los núcleos controlados.

 

RECEPCIÓN Y ALMACENAJE DE BIENES
Los procesos de carga y descarga se efectúan en la fachada de la Calle Sierra. Con su acceso particular los bienes se distribuyen directamente, tras sortear el puesto de recepción y control, hacia los diferentes espacios de almacenaje, o bien ocupan el almacén de tránsito, frente al montacargas, para ser trasladados a las salas o a las zonas de trabajo.

En planta sótano los espacios de trabajo cuentan con iluminación natural obtenida a través de un gran lucernario.



LA SALA DE ESPECTÁCULOS
Dispuesta en el sótano, cuenta con su núcleo vertical de comunicación directa pública. Se accede a ella a través de un Hall que se conecta visualmente con la planta baja prolongando el espacio abierto Se trata de un amplio espacio público susceptible de acoger grandes recepciones.



SEGURIDAD
La clara y rígida disposición de los núcleos favorece los controles de seguridad al delimitar claramente los diferentes espacios, que se pueden entender como unidades perfectamente diferenciadas tanto horizontal como verticalmente.

Así se distingue un espacio totalmente público de acceso, a partir del cual se accedería, tras los controles respectivos, a las salas públicas de exposición, ya sea la permanente como la temporal, o bien a los espacios de atención a grupos, a investigadores o a la sala de conferencias. Un acceso privado permite acceder a zonas restringidas de circulación de bienes.



APARCAMIENTO
El acceso rodado al edificio se efectúa a través de la calle Sierra. Un aparcamiento con los dos tipos de ventilación posibles, natural y forzada, así como dotado de control de acceso. Sus usuarios pueden acceder directamente al espacio interior público del edificio.

RECINTO ARQUEOLÓGICO
Los recientes hallazgos del recinto amurallado medieval de la ciudad de Pontevedra son asimilados por el edificio, que los convierte en un objeto más de exposición pudiendo el tránsito público contemplar porciones de muralla a través del gran hall del salón de actos al tiempo que, desde planta baja, la cafetería podría disfrutar de vistas del mismo frente amurallado a través del patio de iluminación al sótano.

Un posible acceso exterior podría crear un recorrido arquitectónico a lo largo de la cara opuesta del lienzo con la posibilidad de prolongar la visita en función de los nuevos hallazgos que se pudiesen revelar.